viernes, 3 de junio de 2016

ha llovido

La lluvia, en el patio donde la miro caer, cae con apariencias muy diversas. En el
centro, forma una delgada cortina (o red) discontinua, de una caída implacable pero
relativamente lenta de gotas probablemente bastante livianas, una precipitación
sempiterna, sin vigor, una fracción intensa de meteoro puro. A poca distancia de los
muros a izquierda y derecha, caen ruidosamente gotas más pesadas, individuadas.
Aquí parecen tener el grosor de un grano de trigo, allí el de un guisante, más allá el de
una cuenta. Sobre los listeles, sobre las balaustradas de la ventana corre la lluvia
horizontal mientras que sobre la faz interior de estos mismos obstáculos queda
suspendida como caramelos de forma convexa. Según la superficie toda del pequeño
techo de zinc que domina la mirada, corre en pequeños arroyitos de colores
cambiantes a causa de las tan variadas corrientes que se desprenden de las
imperceptibles ondulaciones y resaltos del techo. Desde el canalón adyacente en el
cual se desliza contenida en un cauce hueco sin mayor pendiente, cae súbitamente
como un hilo perfectamente vertical, trenzado bastante groseramente, hasta chocarse
con el suelo donde resurge bajo la forma de brillantes agujas.
Cada una de estas formas tiene un apariencia particular, y a cada una responde un
ruido particular. El todo vive con una intensidad como si se tratara de un complicado
mecanismo, tan preciso como azaroso, como el de un reloj cuya cuerda es el peso de
una determinada masa de vapor en precipitación.
El timbre al tocar el suelo los hilos verticales, el gluglú de las goteras, los minúsculos
toques de gong se multiplican y resuenan a la vez en un concierto sin monotonía, no
sin delicadeza.
Cuando se le acaba la cuerda, algunos engranajes continúan funcionando por un
tiempo, se vuelven cada vez más lentos y luego toda la maquinaria se detiene.
Entonces, si el sol reaparece, todo se borra rápidamente, el aparato brillante se
evapora: ha llovido.

De parte de las cosas - Francis Ponge






viernes, 27 de mayo de 2016

alrededor de la mesa

"En la  versión paradigmática de la mesa familiar parece haber tres fases. En la primera te gradúas de la infancia para obtener un sitio en la mesa, donde te pasas varios años observando con cautela cómo se comporta la gente mayor que tú.  En la segunda te empiezas a rebelar contra el orden de la mesa, contra los "modales de la mesa", que ahora te parece que encarnan todo lo que tiene de falso y de hipócrita la sociedad y la familia en particular.  Tu rebelión puede llegar al punto de que te lleves un plato de comida al dormitorio y te lo comas ahí, o bien cojas la comida directamente de la nevera.
Luego, en la tercera fase -la fase que tú describes- vuelves a descubrir la mesa, como lugar de integración, y hasta empiezas a defender los valores de la mesa en contra de sus miembros más jóvenes y rebeldes.
Lo que me interesa son las costumbres que se han desarrollado alrededor de la mesa. Así  pues, pese al hecho de que la mesa es precisamente un lugar al que llevas tus apetitos para satisfacerlos, el protocolo dicta que hay que refrenar ese apetito y -por lo menos formalmente- ceder el paso a los apetitos ajenos. ("Por favor, después de ti") Además saciar los propios apetitos en silencio atenta contra los "buenos modales":  la mesa de la cena se convierte en una especie de cónclave donde se airean los asuntos familiares del tipo más superficial.  En estas conversaciones familiares, la primera norma es que no hay que dar rienda suelta a las pasiones, por mucho que bullan bajo la superficie. (Esto es, por supuesto, lo que a los niños que se acercan a la edad de rebelarse les resulta más insufrible de las comidas familiares :  lo que tienen de representación )
Tal vez haya otra fase en el paradigma. Los hijos ya han abandonado el nido y el padre y la madre se han quedado solos a ambos lados de la mesa. ¿Acaso hablarán entre ellos (obedeciendo, sin embargo, la norma que prohíbe el habla apasionada) o bien incurrirán en un silencio que se irá extendiendo, y enquistando, año tras año?."

Aquí y ahora - Cartas 2008-2011 - Paul Auster y J.M. Coetzee




viernes, 20 de mayo de 2016

desde el margen

He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en
Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces,
porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa,
la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios.
Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello
a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes
espacios que hay al lado. Por eso no he abandonado a Dios tan ampliamente como ellos ni
he aceptado nunca a la Humanidad. He considerado que Dios, siendo improbable, podría
ser; pudiendo, pues, ser adorado; pero que la Humanidad, siendo una mera idea biológica, y
no significando más que la especie animal humana, no era más digna de adoración que
cualquier otra especie animal. Este culto de la Humanidad, con sus ritos de Libertad e
Igualdad, me ha parecido siempre una resurrección de los cultos antiguos, en que los
animales eran como dioses, o los dioses tenían cabezas de animales

El libro del desasosiego - Fernando Pessoa


viernes, 13 de mayo de 2016

paseo inocente


“_Disculpe señorita ¿puedo invitarla a pasear?
-Sí-respondió atolondrada, deprisa, antes de que él cambiara de idea.
-Si me permite ¿cuál es su nombre?
-Macabea.
-Maca ¿qué?
-Bea- se vio obligada a completar.
Disculpe pero parece el nombre de una enfermedad, de una enfermedad de la piel.
Los dos ignoraban cómo se pasea. Caminaron bajo la lluvia densa y se detuvieron delante del escaparate de una ferretería donde había expuesto caños, latas, tornillos grandes y clavos.
Macabea, temerosa de que el silencio ya significase una ruptura, dijo al recién enamorado:
-A mí me gustan mucho los tornillos y los clavos ¿y a usted?"

La hora de la estrella - Clarice Lispector


viernes, 6 de mayo de 2016

innocent and shy as magnolias


I am convinced that most people do not grow up. We find parking spaces and honor our credit cards. We marry and dare to have children and call that growing up. I think what we do is mostly grow old. We carry accumulation of years in our bodies and on our faces, but generally our real selves, the children inside, are still innocent and shy as magnolias.
We may act sophisticated and worldly but I believe we feel safest when we go inside ourselves and find home, a place where we belong and maybe the only place we really do.

Letter to my daughter - Maya Angelou


viernes, 29 de abril de 2016

una cuestión de miradas

"En la casualidad de la calle - porque las calles son un lugar ideal para las casualidades que ofrece la vida moderna -, en una estrecha callejuela que desemboca en el paseo de Borne, se cruzó ese día Mayol con una mujer alta y de mediana edad, vestida de negro de los pies a cabeza, luto riguroso, hasta el paraguas era negro:  luto de antaño, luto de otros tiempos llevado por una transeúnte casual que cautivó a Mayol, que de pronto, como si estuviera viviendo una segunda adolescencia, se enamoró de ella.  Se cruzó con la mujer de luto y poco después la perdió de vista posiblemente para siempre, lo cual no fue un obstáculo para que Mayol se quedara enamorado de ella mientras reflexionaba de este modo. En ocasiones no es más que una cuestión de un instante, a veces el amor sólo exige el tiempo necesario para que una persona desconocida se cruce en nuestro camino y nos mire y nosotros al devolverle la mirada descubramos el sentido de la más profunda pasión."

El viaje vertical  - Enrique Vila-Matas




viernes, 22 de abril de 2016

las circunstancias del poder

"El poder de control que Ana ejercía en la casa de la señora Lehntman no era el mismo que había tenido antes que llegara el pequeño Johnny de Lily.  Esto no había sido para Ana una derrota.  No hubo una pelea a fondo, pero la señora Lehntman había ganado.
La señora Lehntman necesitaba de Ana tanto como Ana de ella, pero la señora Lehntman estaba más dispuesta a arriesgar la pérdida de Ana, y así el poder de control de la buena Ana fue debilitándose.
En la amistad, el poder siempre llega a una curva descendente. El poder que uno tiene para dirigir va creciendo hasta que llega un momento en que uno ya no gana, y aún cuando no haya perdido en realidad, desde el momento en que la victoria no es segura, el poder de uno deja de ser fuerte. Sólo en una relación tan íntima como el matrimonio puede esa influencia ascender y volverse cada vez más fuerte con el paso de los años, sin declinar nunca. Sólo sucede así cuando no hay manera de escapar.
La amistad se basa en el favor. Siempre hay peligro de una ruptura o de que un poder mayor se interponga.  La influencia solo sigue una marcha ascendente cuando ninguno de los dos puede zafarse."

Tres vidas - Gertrude Stein